Friday, April 08, 2005

Odre nuevo para vino nuevo

Los que conozcan las escrituras de Karl Marx probablemente estén familiarizados con el concepto de la dialéctica. Formalmente dice que la tesis más la antítesis produce la síntesis. Informalmente, dice que dos ideas opuestas no necesitan pelearse o cancelarse entre sí, porque un tercer y mejor concepto se puede formular entre los dos. Esta idea no fue originalmente de Marx. Él la tomó prestada de otro filósofo alemán, Hegel. Hegel, por us parte, consiguió el concepto de un obispo Católico. Parece que el obispo intentaba convertir un monje chino, que como resulta, convirtió al obispo. El concepto de la dialéctica suena plausible, y cuando está utilizado con eficacia, soluciona problemas, y todos los partidos ganan. Esto sostiene como verdad, excepto cuando estamos tratando con verdades espirituales. Sí, Dios ha encontrado una manera de combinar la justicia y la misericordia en la persona de nuestro Señor y Salvador Jesús, pero quizás nunca eran realmente contrarios, pero parecía así a los seres creados. La verdad y la falsedad, la luz y la oscuridad, y, la bondad y maldad, no pueden ser combinados, porque nunca producen nada mas que más falsedad, un tono de oscuridad diferente, y otro tipo de maldad. La dialéctica no es Díblica, a menos que Cristo sea la síntesis o la tercer y mejor alternativa.

El poner vino nuevo en un viejo odre es dialéctico. Nada bueno sale de ello. Jesús dice en Marcos 2:22,

22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

La Hermana White dice de este parábola:

“Los odres que se usaban como recipientes para el vino nuevo, después de un tiempo se secaban y volvían quebradizos, y ya no podían servir con el mismo fin. En esta ilustración familiar, Jesús presentó la condición de los dirigentes judíos. Sacerdotes, escribas y gobernantes estaban sumidos en una rutina de ceremonias y tradiciones. Sus corazones se habían contraído como los odres resecados a los cuales se los había comparado. Mientras permanecían satisfechos con una religión legal, les era imposible ser depositarios de la verdad viva del cielo. Pensaban que para todo bastaba su propia justicia, y no deseaban que entrase un nuevo elemento en su religión. No aceptaban la buena voluntad de Dios para con los hombres como algo separado de ellos. La relacionaban con el mérito propio de sus buenas obras. La fe que obra por amor y purifica el alma, no hallaba donde unirse con la religión de los fariseos, compuesta de ceremonias y de órdenes humanas. El esfuerzo de aunar las enseñanzas de Jesús con la religión establecida sería vano. La verdad vital de Dios, como el vino en fermentación, reventaría los viejos y decadentes odres de la tradición farisaica.” (E. G. De White. Deseado de Todas Las Gentes. 245-6)

Podemos caer también en el peligro de los fariseos. Si elegimos seguir nuestras tradiciones, y nuestras propias interpretaciones de la ley, mientras se las atribuían Dios, podríamos ser los viejos odres que rechazan el mensaje simple de la verdad. Al no rechazar las viejas ideas y los sistemas de creencia nos satisfacemos a nosotros solamente, no a Dios.
La hermana White continúa,

“Los fariseos se creían demasiado sabios para necesitar instrucción, demasiado justos para necesitar salvación, demasiado altamente honrados para necesitar la honra que proviene de Cristo. El Salvador se apartó de ellos para hallar a otros que quisieran recibir el mensaje del cielo. En los pescadores sin instrucción, en los publícanos de la plaza, en la mujer de Samaria, en el vulgo que le oía gustosamente, halló sus nuevos odres para el nuevo vino. Los instrumentos que han de ser usados en la obra del Evangelio son las almas que reciben gustosamente la luz que Dios les manda. Son sus agentes para impartir el conocimiento de la verdad al mundo. Si por medio de la gracia de Cristo los suyos quieren llegar a ser nuevos odres, los llenará con nuevo vino. La enseñanza de Cristo, aunque representada por el nuevo vino, no era una doctrina nueva, sino la revelación de lo que había sido enseñado desde el principio. Pero para los fariseos la verdad de Dios había perdido su significado y hermosura originales. Para ellos, la enseñanza de Cristo era nueva en casi todo respecto, y no la reconocían ni aceptaban. Jesús señaló el poder que la falsa enseñanza tiene para destruir el aprecio y el deseo de la verdad. "Ninguno --dijo él,-- que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor." Toda la verdad que había sido dada al mundo por los patriarcas y los profetas resplandecía con nueva belleza en las palabras de Cristo. Pero los escribas y fariseos no deseaban el precioso vino nuevo. Hasta que no se vaciasen de sus viejas tradiciones, costumbres y prácticas, no tenían en su mente o corazón lugar para las enseñanzas de Cristo. Se aferraban a las formas muertas, y se apartaban de la verdad viva y del poder de Dios.” (Elena G. De White. Deseado de Todas las Gentes pagina 246-7.)

Sabemos que enfrentamos tiempos solemnes. Hay muchos lobos vestidos de ovejas que nos venden vino que no es divino. Ellos reclaman que al compránr su vino podemos convertirnos en nuevos odres, pero si pudiésemos ver verdad la realidad, ellos solo esan remendando el viejo odre con tela aun más vieja. Al no abandonar viejas creencias como por ejemplo: "ayúdate que Dios te ayudara," el viejo evangelio de amor Eros y Ágape combinado (Caritas), y aceptando conceptos como relevancia cultural, no hemos dejado que Cristo en verdad nos transforme en nuevos odres que pueden recibir su vino nuevo. También necesitamos realizar esto a veces, llamamos el vino nuevo porque nuestras lenguas lo prueban por primera vez. Cristo dice en el libro de Marcos,

6 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:
Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí.
7 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.
9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

Así pues, nuestro peligro más grande hoy es que mezclamos el vino nuevo con el viejo vino y remendamos la vieja odre con el viejo material, y pensamos que estamos honrando a Dios en verdad. Pero, nos engañamos si pensamos que esto es verdad. Con nuestras ‘nuevas’ maneras todavía estamos siguiendo los mandamientos y las tradiciones de los hombres. Muchos creen que constantemente repitiendo las mismas frases de adoración (o canción) repetidamente, están adorando realmente a Dios. Deben realizar que cuando usted mezcla el vino nuevo con el vino fermentado el vino nuevo se fermenta también. Es como mezclar la verdad con falsedad, luz con oscuridad, y bondad con el mal. La Síntesis puede ser grande. Pero, recuerden que lo nosotros consideramos lo mejor para Dios es una abominación.

Cristo no solamente nos da el vino nuevo. Él eliminará el viejo vino, y el viejo odre, transformándonos en nuevo odre en el proceso. ¿Está usted dispuesto?

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